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Antropología forense: la estimación de la edad como barrera para el proceso de identificación

Restituir la identidad de una persona fallecida implica un proceso complejo y multidisciplinar

PLUMAS

Antropología forense: la estimación de la edad como barrera para el proceso de identificación

 

Isabel Beltrán Gil



Columna Invitada GIASF


22 de marzo del 2024


Nota aclaratoria: Este texto fue publicado en noviembre de 2023, considerando únicamente información de carácter técnico enfocada hacia la identificación. Restituir la identidad de una persona fallecida implica un proceso complejo y multidisciplinar; un estudio integral del cuerpo para determinar el perfil biológico (sexo, edad, estatura) y factores individualizantes (características odontológicas, patologías, lesiones, etc.).

De manera específica, en este escrito se problematiza sobre las implicaciones que puede tener para la búsqueda el que se realice una estimación incorrecta de la edad; situación que se puede sumar a una larga lista de irregularidades que comprometen en muchas ocasiones la recuperación y entrega digna. A este respecto, el caso aquí referido muestra una concurrencia de violencias institucionales que conjugadas con la impunidad, han propiciado la desaparición administrativa, pues muchos cuerpos sin vida permanecieron años con paradero e identidad desconocidos, cuando pudieron haber sido identificados a días de su desaparición y su posterior muerte, si las instituciones respectivas hubieran realizado sus funciones con debida diligencia.

Después de establecer un diálogo con la familia y representación legal de Cosme Humberto, considero que el caso tiene más aristas que la técnica de identificación (concretamente en lo referente a la estimación de la edad), y con el propósito de evitar una lectura reduccionista del caso que subordine la importancia de la desaparición administrativa, se ofrece una nueva versión en marzo de 2024.

La antropología forense tiene como propósito contribuir en el proceso de identificación humana, de ahí la importancia de los grupos forenses multidisciplinares formados por especialistas en varias disciplinas: medicina, odontología, patología, antropología, entre otras. La concurrencia de éstas contribuye a facilitar la identificación y restitución digna de los cuerpos localizados no identificados. Para argumentar la necesidad de estos equipos forenses y la relevancia que tiene el correcto uso de los métodos de identificación, se citará el caso de Cosme Humberto Alarcón Balderas. Sin embargo, cabe remarcar que la complejidad que envuelve esta desaparición va más allá de los argumentos técnico–forenses presentados en esta columna.

La búsqueda de Marcela Balderas, madre de Cosme, se prolongó por una desaparición administrativa; irregularidades en el procesamiento del cuerpo y en su resguardo, entre otros problemas que han llevado a la familia a un proceso de acceso a la justicia representado por Fray Juan de Larios. Esta situación refleja las graves implicaciones que tienen las acciones negligentes e irregulares que realizan algunas instituciones estatales.

Para los propósitos de este texto, y con el objeto, de contribuir a reflejar la mala praxis realizada tanto en este caso como en otros de similares características, se utilizará la búsqueda de Marcela y lo ocurrido con Cosme como ejemplo para hablar de las implicaciones que tiene un incorrecto o deficiente estudio técnico–forense, concretamente en relación con la estimación de la edad.

Al respecto, se enfatiza la necesidad de contar con antropólogos en los equipos de identificación humana, aunque el cuerpo no esté esqueletizado. El objetivo de la antropología forense es establecer el perfil biológico de los restos humanos analizados. Dicho perfil busca reconocer el sexo, edad y estatura de la persona, datos que representan una hoja de ruta sobre la que apoyarse en los procesos de búsqueda en los Servicios Médicos Forenses (SEMEFOs) por ejemplo.

Esta información básica permite crear una base de datos post mortem (PM) que sirve de consulta en las búsquedas. Esto significa que, al preguntar en un Servicio Médico Forense por una persona específica con unas características concretas (sexo, edad, estatura, rasgos particulares), el registro permite determinar si entre las no identificadas hay alguna que presente coincidencias.

De modo que, cualquier dato PM incorrecto va a repercutir en la localización de la persona y en su restitución y, por ende, en la crisis forense. Así, los errores en el diagnóstico del perfil biológico tienen como consecuencia bases de datos deficientes y panteones con personas que pudieron ser identificadas con mayor premura. En este contexto, la estimación de la edad representa un problema no percibido, con amplias consecuencias negativas en el proceso de búsqueda. Los métodos antropológicos para establecer la edad de una persona se sustentan en la variabilidad que implica el proceso de envejecimiento; tomando en cuenta que el envejecimiento no es lineal en las personas, sino que está condicionado tanto por factores biológicos (genética) como ambientales (estilo de vida).

Desde la antropología, los métodos establecidos analizan la metamorfosis que se produce en huesos como la cuarta costilla o la sínfisis del pubis (Ilustración 1) debido a los cambios en la estructura ósea con la edad [1]; estos huesos son los que se utilizan habitualmente para calcular la edad, y hay varios métodos antropológicos que permiten analizar los cambios que se producen en estos huesos como consecuencia del envejecimiento.

Estos cambios, asociados a la existencia de modificaciones en el funcionamiento de la estructura ósea, están relacionados con factores hormonales, genéticos o nutricionales que repercuten en la salud del hueso. Por eso, un adecuado estudio antropológico para establecer la edad de una osamenta siempre va a dar como resultado un rango de edad y nunca una edad específica. Sin embargo, es frecuente encontrar en los informes de identificación un número concreto como respuesta a la edad correspondiente al cuerpo no identificado, lo que refleja la falta de especialistas en el campo antropológico para realizar estos estudios.

 
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Cambios en la costilla y pelvis por proceso de envejecimiento
 



El hecho de que el cuerpo presente tejido blando y se encuentre en un estado de conservación óptimo no implica que no sea necesario utilizar la antropología para estimar la edad. Con frecuencia, en estos casos la edad se basa en una primera observación externa del cuerpo, indicando, por tanto, únicamente la edad que aparenta, que no necesariamente corresponderá con la edad que tiene realmente la persona. De modo que, el análisis médico debe ser complementado con el estudio antropológico.

Con base en esta situación es que encontramos casos como el de Marcela Balderas, cuyo hijo de 16 años desaparecido es registrado en el SEMEFO como un adulto de 25 años, imposibilitando su localización durante varios años [2]; como este podemos encontrar más casos a lo largo del país. El problema radica no sólo en la falta de profesionales en el ámbito de la antropología para responder a las preguntas del perfil biológico (incluso en casos donde el cuerpo presenta tejido blando), sino también en la falta de recursos materiales que faciliten estos estudios y en la consolidación de equipos multidisciplinares en el área de identificación. Esto último implica que el médico forense, odontólogo, antropólogo, etc., trabajen de manera conjunta y colaborativa en el proceso de identificación.

Estimar la edad debe asimilarse en los procesos de identificación como una herramienta que busca la no exclusión, dado que son muchos los factores, como se comentaba anteriormente, los que van a incidir en el proceso de envejecimiento de los huesos; por eso es obligatorio hablar siempre de rangos de edad fundamentados en un método antropológico estandarizado. Asimismo, el recurso de herramientas como los Rayos X es fundamental para evitar situaciones como la de Marcela Balderas. Las radiografías permiten observar, cuando todavía está presente el tejido blando, el desarrollo de los huesos y dentición, indicando si se trata de un infante, adolescente o persona adulta [3,4].

En síntesis, la estimación de la edad representa un arma de doble filo, puesto que si es utilizada correctamente bajo las indicaciones establecidas por la metodología antropológica, contribuirá eficientemente en la pronta identificación. Sin embargo, su uso incorrecto alimentará la crisis forense porque participará en el incremento del número de cuerpos no identificados que se suman lentamente a la lista de larga data. Es decir, la ausencia de metodología científica en el estudio de la edad o la falta de especialistas en antropología en los equipos forenses de gabinete, puede contribuir con datos erróneos que se sumarían a la lista de irregularidades y concurrencia de violencias institucionales –entre ellas la desaparición administrativa– que muchos familiares en búsqueda experimentan, retardando la identificación, entrega digna y acceso a la verdad y justicia de las víctimas. Cabe preguntarse cuántas personas inhumadas en los panteones siguen invisibilizadas en el proceso de búsqueda por una estimación de la edad deficiente, entre otras cuestiones.

Es necesario evitar la lógica simplista que sostiene que un estudio incorrecto de la edad no tendrá consecuencias en la identificación de la víctima porque el estudio genético es la solución a la crisis forense; esta posición sólo alimenta y justifica las irregularidades que contribuyen a fomentar la problemática existente.

Todas las personas no identificadas tienen derecho a serlo y esto genera la obligación de implementar todos los métodos y disciplinas que puedan contribuir a resolver este enigma, tomando en cuenta que no siempre será posible dar una respuesta desde el uso de la genética. De ahí que no se menosprecie la utilidad de los equipos multidisciplinares, y en específico, el valor que puede tener la antropología para el proceso de identificación. Por último, el contexto mexicano y la crisis de identificación en el país obligan a considerar que las deficiencias o faltas en los procesos técnicos deben comprenderse como parte de las múltiples violencias que prolongan la incertidumbre de miles de familias en México.



REFERENCIAS

[1] Udo Krenzer. (2006). Compendio de métodos antropológicos forenses para la reconstrucción del perfil osteo-biológico. Centro de Análisis Forenses y ciencias Aplicadas (CAFCA). Consultado en: https://criminalistica.mx/descargas/documentos/pdf/biblioteca/Compendio_Metodos_Antropologico_Forenses.pdf

[2] https://adondevanlosdesaparecidos.org/2020/09/29/desaparecer-dos-veces-la-burocracia-que-pierde-cuerpos/

[3] Pedro Manuel Garamendi González, María Irene Landa Tabuyo,(2010). Determinación de la edad mediante la radiología, Revista Española de Medicina Legal, Volume 36, Issue 1, Pages 3-13, https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S0377473210700304

[4] Tineo, Francisco, Espina de Fereira, Angela Irene, Barrios, Fernando, Ortega, Ana, & Fereira, Jose. (2006). Estimación de la edad cronológica con fines forenses, empleando la edad dental y la edad osea en niños escolares en maracaibo, estado zulia. Acta Odontológica Venezolana, 44(2), 184-191.

https://ve.scielo.org/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0001-63652006000200006


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