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Los Adultos del Encierro: sobrevivir al miedo con nietos, o sin ellos

 

Historias de adultos mayores que cumplen 70 días atrincherados, superando restricciones de movilidad y hasta de comida, por falta de ingresos

 

 

NOTICIAS


Los Adultos del Encierro: sobrevivir al miedo con nietos, o sin ellos



21 de mayo de 2020

Cuando María Elena se enteró por televisión que ella y su pareja pertenecían al sector de personas vulnerables al contagio de Covid-19, el miedo se instaló en su vida ante la posibilidad real y cercana de enfermar y morir, por lo que ante este riesgo ineludible, también supo que la única forma de enfrentarlo era el encierro y así lo hizo. Hoy junto a su pareja, cumplen 70 días de cuarentena con altas, bajas y a veces, algo de carencias, pero vivos.

El inicio de la cuarentena para Elena y Adelfo fue fatal, pues les provocaba ansiedad, angustia e incertidumbre al no saber qué es lo que iba a suceder con ellos, si se iba a contagiar, si podría morir, en el caso de que así ocurriese. Su cabeza no paraba de dar vueltas, recuerda.

“Cuando supe de ese dato me preocupé, y aun lo sigo estando, incluso con temor, porque nos han pintado a la enfermedad de forma terrible, nos vemos amenazados nosotros los adultos mayores, y entonces me cuestioné, ¿Por qué yo?, adoro la vida, ¿Y me va a tocar morir?, por eso debo cuidarme resguardándome en mi casa”.

Explicó que para ella, resultaba tan angustiante la incertidumbre, que en las noches no podía dormir, pues tenía severos ataques de ansiedad. “Los primeros 15 días, cuando yo veía que oscurecía, sentía que me moría, era el suplicio que pasaba todas las noches”.

Para ellos, el encierro no ha sido literal, pues igual que siempre, acuden al supermercado y recauderías a realizar sus compras cotidianas, pero evidentemente, no salen sin su cubrebocas y gel antibacterial, y una vez en el establecimiento, tratan siempre de mantener la sana distancia. Aunque la angustia vuelve para María Elena, pues no sabe hasta qué punto dejan de estar expuestos al contagio, aun manteniendo la distancia.

Por otro lado, el apegarse de manera rigurosa a las medidas de prevención, como el lavado de manos constante, el uso de gel antibacterial y la desinfección de las superficies con cloro, terminó por resecarles la piel, hasta que decidieron relajarse aunque no del todo, pues también hubo momentos en que se obsesionó con el tema del dolor de garganta.

“Escuché en una ocasión un consejo de un doctor guatemalteco, quien recomendó hacer constantemente gárgaras con sal gruesa, yo las hice, pero dos días después, me di cuenta que no era con sal gruesa, sino con carbonato de sodio, y así lo hice, adopté esa rutina algunos días, hasta que en una siguiente vez, ya estaba haciendo gárgaras pero ahora con vinagre, pero al paso del tiempo comenzó a dolerme la garganta, luego use Isodine con una gasa y termine quemándome”, señaló.

Maria Elena, explicó que fue tanto su apego a las medidas preventivas, que ya presentaba niveles muy altos de angustia y preocupación, que desencadenaron en problemas respiratorios, es decir, le costaba trabajo respirar, y según detalló, ese es otro problema con el cual ahora vive.

En cuanto al tema económico, explicó que es pensionada, y gracias a que no realiza compras innecesarias, no se ha visto perjudicada, pues administra correctamente su dinero, no obstante, manifestó empatía y preocupación por todos los comerciantes y personas que viven al día.

“Estoy agradecida porque tengo una pensión, y ese pago no me falla cada mes, y me permite sobrevivir, pero, ¿Y la gente que no?, entonces creo que tampoco podemos ser indiferentes a lo que sucede a nuestro alrededor”.

Adelfo, por su parte, explicó que aún se encuentra laborando, pero que al igual que todas las personas de su edad, lo mandaron resguardarse en casa por estos días. Él trabaja en una empresa de seguridad, y sigue percibiendo su sueldo íntegro, pero al igual que su pareja, mostró preocupación por las personas que viven al día.

Ahora que ha estado en casa, le ha dedicado mucho más tiempo a embellecer su jardín, en el cual ha podido cultivar zarzamoras, mandarinas, y unos cuantos chiles, entre otros.

Su mente creativa le valió para utilizar envases y botellas recicladas para crear macetas, regaderas para plantas, e incluso alguna una especie de candelabros. Las macetas que con unos pincelazos simulan los ojos y la boca dan vida al jardín. Algunas de sus plantas las tiene en la tierra, y otras amarradas en la pared.

Esta pareja, ahora ve con optimismo el escenario tan desfavorecedor que se ha planteado en los medios de comunicación, pues creen que una actitud positiva es la mejor medida que pueden tomar ante la contingencia que vivimos; también este tiempo lo dedican a hacer comida mucho más saludable.

Sobre el tema de los hijos, María Elena, destacó que disminuyeron las visitas, pues prefiere que sus hijos le llamen por teléfono y sea únicamente por ese medio como los mantenga al tanto de su salud.

Adelfo llamó a los adultos mayores a concientizar sobre la seriedad de la enfermedad: “Que salgan solo por lo indispensable, y mantener la calma porque creo que la mayoría de las personas se están alarmando más de lo debido, lo que sí, tomando las medidas de prevención”.

ALEJANDRA Y ARMANDO, ENTRE NIETOS Y RESTRICCIONES

Alejandra, trabaja como intendente en una empresa de Outsourcing, y antes de la contingencia, acudía solamente tres días, porque su trabajo únicamente así se lo requerían, pero ahora que la empresas han obligado a su personal de 60 años o más a resguardarse en casa, le quitaron un día laboral.

Ella aporta parte del ingreso para mantener el sustento de su hogar, por lo que desde se hizo efectiva la reducción de su jornada de trabajo debido a la contingencia sanitaria y económica, no deja de sentir angustia por el tema del dinero y porque también teme el contagio en el trayecto a su trabajo.

“Cuando salgo, siempre porto mi cubrebocas y traigo conmigo una botella con gel antibacterial”, señala.

Dos de sus hijas no viven en el Valle de Toluca, y una de las cosas que han cambiado a raíz del Covid-19, han sido las visitas semanales, ya que decidieron evitarlas para mantener la salud para ambas partes, y en estos días han recurrido únicamente a las llamadas telefónicas.

“Para mí fue un cambio drástico, pues el encierro afectó a todos los sectores de la población, tanto estudiantes y personas las cuales las mandaron a casa en su trabajo, y por ende, ya no hacemos nuestras actividades como las hacíamos antes”, asegura.

Armando, su esposo, por su parte, se ha dedicado más al hogar, él es jubilado y también aporta ingresos. Al respecto detalló que el aspecto económico no se vio perjudicado afortunadamente, asimismo, es quien cuida de sus nietos, y trata de mantenerlos entretenidos y activos.

Para esta familia han disminuido las salidas recreativas al jardín, pues debido a que sus nietos viven con ellos, han sido más estrictas las reglas para protegerlos a todos, hecho que extraña, pues jugar futbol cada fin de semana era algo que disfrutaba al máximo.

De igual forma comenzaron a restringir las reuniones familiares que realizaban con frecuencia.

Los hábitos de limpieza dentro de su hogar no sufrieron muchos cambios, pues según Alejandra, incluso antes de la contingencia hacían uso del cloro y desinfectantes, por ejemplo, para el lavado de trastes, lo que si agregaron a su rutina de limpieza, fue el desinfectado en las manijas de las puertas.

Doña Alejandra cree que el regresar a la normalidad será algo duro, principalmente en el tema de la economía, pues ha sido una de las perjudicadas por la baja de su sueldo y muestra preocupación por saber si una vez que esto acabe, sus ingresos serán los mismos. En cuanto al rubro de la salud, confía en que se desarrolle una vacuna, ya que, según explicó, le resulta angustiante la idea de tener que portar indefinidamente un cubrebocas, hecho que puntualizó con humor, no tolera debido a que le genera ansiedad y sensación de ahogo.

Las medidas de protección para con sus nietos las ha respetado, pues asegura Armando, que no les permite salir a jugar fuera de casa, y cree que para ellos también ha sido duro el encierro, debido a que al tener más tiempo libre, se aburren con facilidad, y a pesar de que tengan actividades escolares en línea, muestran apatía en algunas ocasiones, pues no es lo mismo.

LIDIAR CON LA SOLEDAD Y UNA ENFERMEDAD EN MEDIO DE LA PANDEMIA

María del Socorro Rojas, es una adulta mayor distinta a la mayoría de quienes rondan su edad, pues ella vive sola y aunque está acostumbrada a un estilo de vida independiente, la actual pandemia por SARS-CoV-2, le ha complicado el panorama personal, sobre todo porque ella justo va saliendo de una enfermedad, que aún limita su movilidad.

“El encierro me ha puesto nerviosa y tensa, además estoy preocupada qué va a pasar más adelante”, destacó durante la entrevista que le hizo TheObserverMex.

Su historia de encierro comienza incluso antes de la contingencia por el Covid-19, a causa de una enfermedad por la que tuvo que ser operada desde el 2019, y detalló, que de alguna manera ya estaba acostumbrada a no salir para hacer su vida como la hacía antes de forma anticipada a los demás adultos mayores.

En dicha operación, le implantaron una prótesis en la pierna derecha, pero lamentablemente con el paso del tiempo, desencadenó en dolores por artritis reumatoide, por lo que si antes complicaba la actividad cotidiana de Socorro, ahora lo hace en mayor medida.

“Los dolores por la artritis no me dejan mover”, destaca al recordar que ella era cocinera en un mercado no tan lejos de su casa.

Pese a lo anterior, Soco aseguró que a raíz del Covid-19, su rutina ha cambiado, por lo que para agregar un poco de dinamismo a su día, en las noches dedica unos minutos para caminar fuera de casa, visitar a su hermana, o en caso necesario, obligarse a acudir al supermercado a surtirse de lo que necesario, si es que su economía se lo permite.

Puntualizó que su ingreso se ha visto dañado al grado de que a la hora de la comida, solo ingiera un platillo, en este caso, sin algún guisado.

Para permanecer activa en casa, Doña Maria del Socorro, hace labores domésticas que le permitan también amenizar de alguna manera el encierro, narró que usualmente lava su ropa, limpia los muebles, se pone a leer, y en ocasiones se pone a rezar, y es en esos momentos cuando le pide a Dios que la pandemia termine de la mejor manera posible.

Afortunadamente, cuenta con el apoyo de su hermano quien en ocasiones le sumisa algo de dinero para abastecerse, pues al quedarse sin empleo, el panorama es muy desalentador.

Una de sus hijas, explicó María del Socorro, la auxilia en los gastos médicos, pues la artritis reumatoide y las terapias post-operación, generan muchos gastos médicos que ella no ha podido solventar.

“Necesito terapias, que me inyecten algunas vacunas de forma periódica, y otros gastos que a larga me van dejando sin recursos suficientes”.

Cuando decide salir, se apega a las medidas de prevención que todos conocemos; el uso de cubebrocas, trae consigo una botella de gel antibacterial, y siempre porta unos lentes especiales que la protegen el área de los ojos. Y para cuando regresa a casa, en la entrada tiene a la mano un envase atomizador con cloro diluido en agua, el cual rocía sobre las suelas de sus zapatos para evitar contaminar el espacio.

Argumentó que su casa la tiene bien desinfectada, pues limpia, de igual forma con cloro, la manijas, a sus llaves, y lo primero que hace es lavar sus manos, y en algunas ocasiones, tomar un baño de manera inmediata.

En los momentos en que regresan los dolores de artritis, María del Socorro tiene a la mano un bastón que le permite moverse con un poco más de facilidad, sin embargo, los episodios de dolor no son nada gratos, pues ella quisiera hacer más cosas.

Otro aspecto que pone en desventaja a Socorro, es la ausencia de los médicos para sus consultas, el cardiólogo, el neumólogo, el ortopedista, y el reumatólogo. Además de que ya sufre la falta de medicamento, por lo que recurre a farmacias genéricas.

Desde su punto de vista, el regreso a la normalidad va a ser muy complicado, tanto en lo económico, y en su estilo de vida en general, debido a que con el paso de las semanas durante estos dos meses de contingencia, ha ido perdiendo movilidad en sus articulaciones, que le imposibilita llevar a cabo sus actividades cotidianas.

Por último, afirma que el sedentarismo que le ha generado la cuarentena que para ella se presentó de manera anticipada, le está generando problemas de circulación que espera concluya para ella de la mejor manera posible.

LOS NÚMEROS

En México habitan alrededor de 15.4 millones de personas de 60 años o más, las cuales se han visto obligadas a permanecer en casa para evitar un posible contagio por Covid-19 debido a que este es el sector poblacional más vulnerable, y de las cuales 1.7 millones viven solas.

De acuerdo al INEGI, la población de 60 años o más que reside en México es de 15.4 millones, cifra que representa 12.3% de la población total. De ellos: el 47.9%, puede vivir con una pareja con o sin hijos solteros; casi cuatro de cada diez, que refleja el 39.8%, residen en hogares ampliados, con un solo núcleo familiar o más, y otras personas emparentadas con él o ellos; y el 11.4%, viven solos.

Asimismo el estudio arroja que en nuestro país, una de cada cinco personas de 60 años o más tiene al menos una limitación física.

Víctor Jiménez

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