Piezas de información
Hace un año, el rancho Izaguirre se convirtió en el epicentro del horror: un predio de aproximadamente 10,000 metros cuadrados ubicado en el ejido La Estanzuela, en el municipio de Teuchitlán, a 58 kilómetros de Guadalajara, era usado como centro de adiestramiento por una organización criminal.
Para las madres buscadoras que entraron al lugar se trataba también de un sitio de exterminio, pues hallaron cientos de fragmentos de restos óseos calcinados, indicios de hornos crematorios, y un campo de entrenamiento. A esto se sumaron los testimonios de sobrevivientes que fueron testigos de asesinatos en el lugar, donde también los obligaban a desmembrar y quemar los cuerpos.
Las prendas encontradas en el rancho Izaguirre evidenciaron una parte del modus operandi de las organizaciones criminales, por su diversidad y por lo que revelaban de sus posibles dueños, la mayoría jóvenes, pues predominaba la ropa informal: pantalones de mezclilla, sudaderas con logotipos deportivos y tenis.
Preservar las prendas localizadas en espacios relacionados con desapariciones es relevante desde el punto de vista forense, pues el lugar donde son halladas se convierte automáticamente en un sitio de investigación, explica Roxana Enríquez Farías, directora general del Equipo Mexicano de Antropología Forense (EMAF).
Desde restos biológicos hasta ropa, cualquier indicio puede aportar información sobre las actividades realizadas en el lugar y las transformaciones del espacio a lo largo del tiempo. La criminalística de campo y la antropología forense permiten analizar si las prendas están asociadas con áreas de entrenamiento, zonas de trabajo forzado u otros contextos específicos, así como determinar si pudieron pertenecer a víctimas o victimarios, y su relación con otros indicios hallados.
Aunque los objetos son susceptibles de alteración, permiten formular preguntas clave: dónde estuvo la persona, cómo llegaron sus pertenencias al lugar, y qué relación existe entre la desaparición y quienes utilizaban el sitio, explica.
Seguir el rastro de las prendas es importante para comprender qué pasó con las personas que las portaban y a las que se obligó a abandonarlas. Para la periodista y académica del ITESO, Alejandra Guillén, el rancho Izaguirre es solo uno de los sitios que conforman el circuito desaparecedor que opera desde 2017 —cuando fueron descubiertos en el municipio de Tala campamentos con víctimas de reclutamiento forzado— en la región Valles, a la que pertenece Teuchitlán.
“Ese rancho forma parte de una cadena con una organización impresionante que utiliza muchos lugares, muchos vehículos, a muchas personas: algunas publican los anuncios en internet, otras pasan por ellos [los jóvenes], otras los retienen, otras los entrenan, otras lavan el dinero”, explicó en una entrevista con A dónde van los desaparecidos.
La investigación completa puede leerla en el siguiente link:
Las Prendas Hablan Las Familias Exigen Respuestas a Un Año Del Hallazgo del Rancho Izaguirre