fbpx
¿Buscas Empleo?, checa las próximas Ferias del Empleo en Edomex
abril 7, 2021
Pide licencia Fernando Vilchis en Ecatepec, para participar en proceso
abril 7, 2021

Amortajar pacientes, uno tras otro y por meses; lo más duro #AUnAño

Adriana Reyes, enfermera mexiquense; guerrearle al Covid-19 y no paralizarse

NOTICIAS


Amortajar pacientes, uno tras otro y por meses; lo más duro #AUnAño



7 de abril de 2021

El número de profesionales de la salud que murieron infectados por la pandemia del SARS-CoV-2 a un año de la declaración de emergencia en México, llegó a 3 mil 396 casos; Adriana Reyes, enfermera del sector público, jamás pensó que un auténtico campo de guerra se instalaría ese año en el 4o piso del hospital donde labora, las bajas no han parado desde entonces, pero las primeras derrotas fueron las más traumáticas.

Adriana trabaja en uno de los nosocomios de Toluca donde inicialmente solo se recibían pacientes con seguridad social, a la postre todo el hospital se convertiría en un bunker de guerra y las bajas en serie tomarían por asalto todos los bandos. Ni 45 hospitales transformados en Nosocomios Covid-19 en el Estado de México, alcanzarían lo suficiente para controlar la peste moderna que en su primera y segunda ola, arrasó con la vida de al menos 195 mil 908 personas en todo el país y dos millones 676 mil 671 personas en todo el mundo.

“Lo más traumático fue lidiar con la muerte”, reconoció esta enfermera mexiquense, al referir que si bien “se dice que el personal de salud estamos acostumbrados a convivir con la muerte, esto era superior a todo”, más aún cuando por mayo los fallecimientos comenzaron a replicarse en cadena, sin tiempo siquiera para despedir los muertos… y así por meses enteros.

Recuerda que los momentos más duros han tenido que ver con “amartajar los cuerpos” de los fallecidos por Covid-19, sin oportunidad siquiera de ponerles agua bendita, hacerles una Señal de la Cruz o ver como mueren frente a los ojos de sus propios seres queridos. Una tragedia.

Adriana aseguró que además de lidiar con la muerte de manera cotidiana y un aumento exponencial en las cargas de trabajo (al pasar de cinco a seis pacientes diarios, hasta 70 u 80 en los picos de la pandemia), los estilos de trabajo en los nosocomios se alteraron por completo, aunado a la desesperante insuficiencia de equipo en muchos momentos, falta de ambulancias, de respiradores, de camas o de insumos para el personal.

Estos estilos pasaron de medidas regulares de sanitización, a cuidados extremos de desinfección en quirófanos, salas de espera, pasillos, consultorios, ambulancias y cuidados intensivos de sus instalaciones, para reducir los contagios, lo que transformó la vida de estos profesionales en formas extenuantes de subsistencia.

Enfermeras y doctores, además de camilleros y otro tipo de personal, como de servicio social y administrativo o de limpieza, tuvieron que adoptar en tiempo récord el uso todo el tiempo de guantes esterilizados, gel antibacterial docenas de veces al día y el uso de los de incómodos trajes Tybek.

Adriana recuerda que al inicio de la pandemia, pensó que sería algo similar a lo vivido con la pandemia del A-H1N1 de 2009, incluso llegó a pensar que sería como una gripe, sin embargo, con el paso del tiempo y a medida que llegaban nuevos pacientes a la clínica, la realidad se impuso como una tragedia súbita.

Ante el acelerado agravamiento de la situación en México, confiesa que en algún momento revaloró continuar ejerciendo su profesión, debido a la incertidumbre sobre las medidas de seguridad y el temor a contagiarse o peor aún, de importar el virus a casa.



“PENSABAN QUE LOS ESTABAMOS MATANDO”

La enfermera que aceptó dar una entrevista a las afueras de su lugar de trabajo, ahora con menos presión tras la llegada de la vacuna a México, reconoció que los peores meses estuvieron ubicados en la primera y segunda ola de la pandemia, cuando ante el deceso de compañeros y multiplicación masiva de casos, muchos se plantearon la necesidad de salirse de sus casas y rentar cuartos aparte, ya que para entonces se estaba comprobando que la única medida segura, del no contagio, era poner tierra de por medio…

Y no era ocioso pensarlo así. Las cifras de contagios y fallecidos por covid-19 de personal de la salud en México, se estaban disparando. Los primeros reportes que surgieron sobre la problemática en mayo de 2020, ya confirmaban mil 920 casos de personal sanitario infectado por el SARS-CoV-2. Esto equivalía al 12% de todos los infectados a esas fechas en el país.

Por eso muchos optaron por salirse temporalmente de sus casas y rentar cuartos solos o haciendo grupo con otros compañeros para evitar infectar a sus familias; mientras que otros se dieron de baja por seguridad, otros lidiaron con el desempleo, otros con contagios de los que lograron sobrevivir, mientras que muchos enfrentaron discriminación y hasta linchamientos públicos. La gente pensaba que eran culpables de los decesos por Covid-19 en los hospitales. “Pensaban que los estábamos matando”, recuerda Adriana.



AMORTAJAR CUERPOS AJENOS, MUCHOS

Relató sin embargo que lo que la marcó para siempre, fue sin duda haber presenciado docenas y docenas de muertes… y no poder hacer nada.

“Lo más difícil, definitivamente las defunciones, y platicando con mis familiares, me decían, -el área médica está acostumbrada a ver muertes-, pero en esta ocasión, éstas estaban a la orden del día; fallecía uno, fallecían dos, tres, y así. Mucha gente pensó que en los hospitales los estábamos matando para que fuera rápida su muerte, y realmente llegaban muy mal, no era culpa de nosotros.

Considero que a todas las instituciones de salud nos tomó por sorpresa esta situación, y no todos estamos preparados para afrontar esta parte o por lo menos México, creo, no lo está; los tanques de oxígeno fueron insuficientes, las tomas de oxígeno, ambulancias formadas para bajar a sus pacientes, gente esperando desesperada porque ingresaran sus familiares…

Pero lo más fuerte ha sido ver cómo la gente veía morir a sus familiares, a veces por descuido, otras porque se iban de viaje y nosotros veíamos cómo llegaban enfermos, o a veces porque ya eran adultos mayores. El despedir un cuerpo, un alma…”.

Retomando los números de la pandemia, en México destacan los de cinco entidades con más casos activos de personal de salud hasta este momento, son: CDMX, con 258, el Estado de México, acumula 105; Jalisco, suma 64; Guanajuato, con 52; y Puebla, tiene registrados 48. Sin embargo, dichas cifras se encuentran en constante aumento conforme pasan los días.

Al ser cuestionada sobre los aprendizajes que les dejaron sus pacientes sobrevivientes a esta impactante pandemia, Adriana, hizo hincapié en su gratitud, pues al pensar que por unos momentos estuvieron al filo de la muerte, el tener una segunda oportunidad resulta casi utópico para ellos, pero su gratitud después de pasarlo tan mal es lo que impacta, su gratitud a Dios, a la vida.

“Se van muy agradecidos, pero no con uno, sino con la vida misma, a veces se van con las ganas de ayudar a otras personas que padecen la enfermedad, y no es para menos, pues se vive una angustia de no un día hospitalizado, si no de hasta 20 días”, aseguró.

Al ser cuestionada sobre lo que más la impacto en el tema de la muerte, no duda en describirlo.

-Cuando llega el momento de amortajar a los difuntos, lo único que puedo hacer es pedir a Dios para que lo reciba y sea él quien lo juzgue, subrayó.

Recordó que en los hospitales se dispone de Agua Bendita y cuando nace un bebé muerto, pues se les hace una crucecita y se les da el último adiós, sin embargo en el caso de los pacientes que fallecieron o fallecen por Covid-19, hasta en estos auxilios tuvieron restricciones incluso prácticas, ya que no se les puede hacer nada, no se les puede trazar nada en el cuerpo, ni agua bendita, “solamente se les amortajaba y etiquetaba, incluso en la mente con una pequeña oración, y un Dios júzgalo…”.

Adriana aseguró que, ante estas circunstancias, lo único que ha tratado de hacer, como la mayoría de sus compañeros de área, ha sido “nunca abandonar a ningún paciente”, todo lo contrario, llegado el momento de la muerte, y como gesto solidario, tocarles la mano y le darles palabras de sosiego.

Reconoció que ante este tipo de acontecimientos cotidianos en su trabajo y ante el hecho histórico que representa en si misma la pandemia, en realidad a nivel humano le ha hecho repensar en cuán frágil es la vida, pues en un momento estamos y en otro no.

Adriana ya recibió la primera dosis de la vacuna contra el SARS-CoV-2, y respeta los puntos de vista que cada uno tiene sobre la misma, sin embargo, ella es fiel a la idea de que esta puede reducir los contagios, y a pesar de que cada cuerpo reacciona de manera diferente, llegará el momento en que todos la recibiremos, tal vez, aunque no nos agrade la idea del todo.

Y consciente de que a pesar de haber recibido el biológico, tiene muy presente que ello no da pauta para bajar la guardia y olvidarse de las medidas preventivas. Por último, Adriana invitó a la población a seguirse cuidando y respetar las medidas para erradicar los contagios por completo: “No sabemos si el día de mañana, tú puedes estar en el hospital exigiendo atención médica, y que tal vez no haya camas disponibles, pues esto aun no acaba y aún lo estamos viviendo”

Víctor Manuel Jiménez y Tere Montaño

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *