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Mazahuas que laboraban en CDMX mueren por COVID-19

En este pueblo de origen mazahua, la comunidad habilitó un nuevo panteón, para dar cabida a migrantes trabajadores que no lograron sobrevivir a los contagios en CDMX

 

NOTICIAS


Mazahuas que laboraban en CDMX mueren por COVID-19



19 de febrero de 2021

Ixtlahuaca, Méx., a 19 de febrero.- En la comunidad de Santa Ana de la Ladera, los pobladores han tenido que acelerar la apertura de un nuevo panteón, debido a los decesos que se incrementaron en la segunda ola del Covid-19 en México, luego de que la primera terminó por abarrotar de difuntos el viejo camposanto de esta comunidad mazahua.

Sin espacios para albergar un solo sepelio más, los vecinos se vieron obligados a retomar con urgencia el proyecto en el que venían cooperando económicamente desde hace poco más de un lustro para comprar un nuevo terreno e instalar un segundo camposanto.

La idea era que la mayoría de los hogares contaran con al menos un espacio para cuando llegarán las tragedias familiares y poder solventar sin problema estos trances. Lo que no contaban en el pueblo, es que las tragedias importadas por el Covid-19 llegarían una tras otra.

A partir de octubre de 2020, cuando la pandemia comenzó a expandirse y rebotar en los rincones más apartados de México, a Santa Ana de la Ladera llegaron los primeros casos de paisanos que migraron hace muchos años en busca de fuentes de subsistencia y que volvían de la Ciudad de México, pero en cadáver e incluso ya “emplayados”, recuerdan Matilde y su esposo, quienes atienden una pequeña taquería ubicada a la entrada de uno de los pases secundarios que conducen a la explanada de esta pequeña comunidad de indígenas mazahuas.

Ahí en el corazón del pueblo enmarcado por una iglesia de construcción reciente y su enorme atrio, los taxistas que llevan y traen pasaje a Toluca para que de ahí los migrantes viajen hasta la Central de Abastos de la capital de México, reconocieron que la pandemia por COVID-19, tomó por asalto al pueblo, pero la peor parte fue cuando comenzaron a regresar sus vecinos pero en calidad de difuntitos…

Tras conocer los primeros casos de migrantes indígenas que se habían ido a trabajar a la Ciudad de México y regresaban emplayados o en cajas listos para ser sepultados tras morir por Covid-19 en la capital, los vecinos retomaron el viejo proyecto del panteón, cerraron el camposanto que con los primeros casos de este tipo se saturó rápidamente y aceleraron las gestiones ante el gobierno panista, para que les liberaran los permisos que hacían falta.

Matilde recuerda que incluso cada familia construyó una parte de la enorme cerca que rodea el nuevo panteón, pero faltaban los permisos.

Una tarde sin embargo de hace solo unos meses, el alcalde de Ixtlahuaca se presentó apresurado y les entregó permisos provisionales para que pudieran dar cabida a los nuevos difuntos que regresaban a su pueblo.

Listo, el panteón tenía permisos para recibir cadáveres. Y sí, comenzaron a arribar. Las familias los recibieron y gestionaron los espacios en el nuevo camposanto.

La mayoría de estos trabajadores, eran indígenas de origen mazahua que vendían pollo en la Central de Abasto de la Ciudad de México o que tenían ya sus negocios de venta de pollo en la ciudad. Algunos muy jóvenes, otros que dejaron acá familiares a quienes les enviaban dinero desde la capital, concuerdan los taxistas que atienden la única base de este transporte que opera en el pueblo.

También reconocen que de los muertitos por Covid-19, no todos eran adultos mayores, más bien se trataba de hombres fuertes, maduros o jóvenes que no lograron sobrevivir.

EL CAMPOSANTO INCONCLUSO

Para llegar al nuevo Camposanto de Santa Ana la Ladera, hay que entrar a una zona rural bordeada de caminos saca cosechas que conecta con la entrada principal a la otra Santa Ana denominada Santa Ana Ixtlahuaca. Se trata de dos comunidades mazahuas de alrededor de cuatro mil pobladores cada una, según el INEGI, separadas únicamente por una carretera.

Ambas, además de compartir esa frontera vial que las divide territorialmente, también comparten la migración como un estilo de vida arraigado entre las familias para subsistir ante la falta crónica de empleo y los altos niveles de marginación en esta zona del norte del Estado de México.

Hasta el 2010, el INEGI, reportaba indicadores de marginación alto entre el 80% de la población de Ixtlahuaca. Los datos del Censo del 2020 aún no están listos, pero los migrantes de esta zona maicera, considerada hasta hace poco “el granero” del Estado de México, han dejado una huella inmutable de su paso y su esfuerzo.

Entre milpas y caminos rurales que circundan los terrenos donde se cultiva maíz, las casas tradicionales o en obra negra, compiten el espacio con hermosos diseños residenciales estilo California, que los migrantes internacionales, en sus idas y venidas, importaron desde la Unión Americana. Residencias con techos de dos aguas, amplias y hermosas terrazas, solares y enormes ventanales de muros altos, blancos y modernos hermosean los caminos que conducen a ambos camposantos.

En el viejo cementerio, donde no hay barda perimetral, es posible observar que por aquí se celebraron sepelios recientemente. El panteón está lleno, se quedo sin espacio para procesar a tanto difunto en un tiempo tan corto.

Más allá, a casi tres kilómetros siguiendo el mismo camino, está el nuevo cementerio que se abrió rápido para atender la emergencia por el COVID-19.

Y sí, aunque la obra de la capilla y los trabajos de nomenclatura del nuevo panteón quedaron inconclusos, el predio ya recibió los primeros difuntos de Covid-19. Se trata de los trabajadores migrantes que enfermaron en ciudad de México y fueron sepultados aquí rápidamente.

En un rincón del enorme cementerio, sepultados a lo largo de una de las bardas perimetrales de metro y medio de altura, las víctimas de la pandemia de esta zona encontraron finalmente descanso, tras sufrir el embate del contagio en la Ciudad de México, donde hasta este viernes, aunque ya comenzaron a vacunar a los adultos mayores en tres alcaldías, los contagios acumulados ya rebasan el medio millón (533 mil 825) y suman 25 mil 834 las defunciones.

Para los migrantes de Santa Ana La Ladera, resultó simplemente imposible escapar al mayor epicentro del Covid-19 en México.

Ma. Teresa Montaño

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