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LA SONRISA DE ALEJANDRA

El 4 de junio del 2023 la oficialmente primera candidata mujer a la gubernatura del Estado de México por parte de la asociación priísta más longeva, corrupta y adinerada de México, Alejandra del Moral Vela, salió sonriendo frente a las cámaras del país para auto proclamarse triunfadora de las elecciones más peleadas de México.

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LA SONRISA DE ALEJANDRA


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26 de mayo del 2024


El 4 de junio del 2023 la oficialmente primera candidata mujer a la gubernatura del Estado de México por parte de la asociación priísta más longeva, corrupta y adinerada de México, Alejandra del Moral Vela, salió sonriendo frente a las cámaras del país para auto proclamarse triunfadora de las elecciones más peleadas de México.

Eran exactamente las 18:00 horas con 21 minutos y su cita con la historia, como ocurría desde hace 94 años prácticamente, parecía que nuevamente se cumpliría pese a todos los pronósticos. Tenía que serlo…

No podía ser de otra manera tras más de nueve décadas de revolución institucionalizada en la que desfilaron 23 mandatarios, surgidos del mismo grupo, pero ninguna mujer por cierto. Siempre arrasando y arrollando, la “aplanadora” le decían.

Solo había un ligero detalle en esa conferencia de quien virtualmente pretendía convertirse en la primera jefa del Ejecutivo del Estado de México y número 24 en la lista de mandatarios –y ahora mandatarias- del Grupo Atlacomulco…

Frente al micrófono y de cara a ese enjambre de periodistas y camarógrafos que llegaron de golpe al salón donde se concentró su “cuartel de guerra”, a Del Moral le faltaba la contundencia, pero sobre todo argumentos irrebatibles que colocaran mejor su hipotético triunfo. Aun así el mensaje textualmente era claro, pese a lo cual la “prensa amiga” por primera vez no parecía convencida y se manejó con cautela, increíblemente casi nadie lo creía…

Lo anterior resultaba paradójico para quien como presidenta del Comité Directivo Estatal (CDE) del PRI en tres ocasiones distintas, había logrado llevar al triunfo a más 70 alcaldes priístas y prianistas, 40 diputados locales y a otros tantos federales entre 2018 y 2021, sin contar al gobernador que condujo directamente al palacio de gobierno en 2017 –bajo cuestionables prácticas políticas-, e indirectamente a otro más en 2011, como parte de su trayectoria de éxitos electorales.

No obstante las dudas y los indicios que apuntaban a un estrepitoso fracaso, Ale del Moral decidió sostener la sonrisa con ese destello burlón y casi cínico que la caracterizó en muchos momentos a lo largo de 59 días de campaña y aún antes, como cuando inundó avenidas, carreteras, calles, bardas, transportes, portadas –de revistas fantasma- y medios impresos en cerca de 400 espectaculares, con su jovial rostro sonriente antes de las precampañas.

También sonrió abiertamente –intentando generar confianza- a la hora de soltar aquello de: “¡Esta elección la ganamos!”, apenas unos minutos después del cierre de casillas, ante la mirada y oídos desconfiados de la “prensa amiga”.

“Con la información de nuestros representantes podemos decirles que esta elección la ganamos”, diría escuetamente durante la transmisión que apenas si duró 3 minutos y 12 segundos, mientras los dirigentes nacionales del PAN, MarKo Cortés, Alejandro Moreno del PRI y Jesús Zambrano del PRD, la rodeaban y vitoreaban en tanto otros priístas mejor informados, comenzaban a entrar en shock.

Ahí estaba por ejemplo el defenestrado Jorge Pérez Zamudio, ex coordinador de comunicación social del gobierno de Alfredo del Mazo, quien apostado en la entrada del salón de la derrota disfrazada de triunfo, asistía a la escena tan solo unos metros abajo del estrado con la vista perdida, en algunos momentos, como quien espera un milagro… ni que fueran los tiempos de Enrique Ochoa –dirían algunos-.

Todo en la vida de Pérez Zamudio había sido miel sobre hojuelas hasta el 22 de febrero del 2023, cuando fue obligado a renunciar a su cargo, tras ser exhibido públicamente por producir y enviar libelos contra Delfina Gómez desde su despacho de Palacio de Gobierno; finalmente esos mismos periodistas “amigos” que controló con chayotazos, terminaron por traicionarlo.

Su presencia en ese lugar y a esa hora determinante como parte del equipo de campaña de la candidata del PRIAN solo confirmaba una cosa: que nunca se había ido del tricolor.

Tras el albazo la tarde del 4 de junio por parte de la candidata oficial, los dirigentes nacionales del PRI y el PAN, explotaron en un instintivo y quizás desesperado grito de ¡gobernadora, gobernadora, gobernadora! con el puño en alto y lanzando golpes al aire, como si con eso lograran arrancarle a esa fatídica tarde prianista, lo que parecía cada vez más lejano.

También ahí estaba Jesús Zambrano del ralo Partido Del Sol Azteca (PRD), quien después de escuchar la proclama triunfadora reaccionó con un aplauso infantil y casi fuera de control, acaso olvidando o desconociendo que se trataba de un montaje –como todo lo que tiene que ver con los gobiernos priístas y hoy morenistas en Edomex-, por lo que al igual que “Alito” y de manera espontánea, levanto los brazos “triunfantes” de una candidata que, ahí mismo, se desinflaba en directo.

Por alguna razón a cada segundo que pasaba el grupo de políticos que rodeaban a la virtual “gobernadora”, lucía más huérfano, como que el cobijo del cíclico fraude parecía no alcanzarles.

Mirando la escena de frente en el flanco izquierdo pero muy alejado del cuadro central, ahí parado y desganado, estaba el adinerado panista vaquero de Huixquilucan, Enrique Vargas Del Villar, quien en agosto del 2022 pretendió disputarle de manera seria la candidatura de la asociación “Va por el Estado de México” a Alejandra Del Moral.

El “candidato Marlboro”, como comenzaron a llamarlo representantes de medios de comunicación local, había inundado apenas meses atrás y con sus propios espectaculares las avenidas principales de la capital y municipios del norponiente de Edomex, aunque sin rendirle cuentas a nadie del financiamiento de aquella campaña con reminiscencias del viejo oeste americano.

Sus docenas de espectaculares le competían el espacio visual a los de la propia Del Moral Vela y hasta a Higinio Martínez de Morena, quien lanzo su propia zaga de horribles espectaculares con su anticipadísima y cursi campaña “Mexiquenses del Corazón”. Todos sin justificar un solo centavo. Así es el Grupo Atlacomulco.

Por eso, en respuesta a sus pretensiones anticipadas, Del Villar recibiría por esas fechas una metralla de “fuego amigo”, en modo mediático, exhibiendo sus propios excesos, con presuntas residencias de lujo en Miami y videos filtrados sobre añejas rencillas que sostuvo con policías de la CDMX en 2015, videos en los cuales aparecía no solo más joven y obeso, sino también más prepotente.

Piden investigar a Enrique Vargas

Aun así Vargas del Villar ya rejuvenecido, delgado y listo para la campaña que ahí mismo se esfumaba y nunca protagonizaría, no parecía convencido de la proclama del triunfo de su candidata y simplemente se acotó a seguir el guion con un guango aplauso y la mirada dispersa entre los asistentes, como quien ha extraviado algo entre la multitud. Estaba impactado.

Como sea, el panista nunca pudo ponerse en “modo ganador”.

Mientras tanto la candidata Del Moral citaba como “fuente” de su declaratoria de anticipado triunfo, la cobertura total de representantes del PRI distribuidos en las más de 20 mil 400 casillas instaladas por el INE y el IEEM para la jornada.

Ningún dato adicional relativo a las votaciones como porcentajes, distritos o regiones donde necesariamente tendría que haber arrasado para sostener su teoría del triunfo.

Nada.

Pero claro no sería la primera vez que el PRI ganaba no con votos sino con prácticas cuestionables, como la ampliamente conocida coptación de funcionarios de mesas directivas de casilla, o la coacción de estructuras burocráticas incluyendo autoridades electorales y magistrados; suplantación o relleno de urnas, u otras actividades igualmente tramposas sobre terreno que se iban amontonando a lo largo de los procesos hasta configurar enormes fraudes.

Estas prácticas, a lo largo de más de 90 años, podían incluir desde pequeñas o medianas ilegalidades, hasta volteretas completas de las leyes para ponerlas a conveniencia del PRI, como la llamada “Ley Peña” del 2010, para evitar que el PAN y el PRD se aliaran en Edomex y pudieran vencer al PRI… quien lo diría.

“Tenemos cubiertas el 100% de las casillas” dijo la ex secretaria de desarrollo social para sustentar su teoría del triunfo ese 4 de junio del 2023, aunque por alguna razón inentendible la cruel realidad política de esa tarde histórica se negaba a encajar en el mundo paralelo prianista.

Pero aun así, la sonrisa de la candidata seguía ahí, no podía borrarla, es más tenía y debía sostenerla para generar impacto, ganar tiempo.

Era esa misma bella sonrisa casi cínica, pero no por eso menos bella, por la cual la escritora Sabina Berman le cuestionó cuando la entrevisto para su programa de Canal 11 en el mes de abril y le preguntó sobre su relación con Alejandro Moreno “Alito”. Instintivamente la candidata soltó unas risitas y hecho a un lado la cabeza, como queriendo ocultarla.

-¿Por qué te estás riendo? -le dijo la destacada escritora y periodista, que sonreía también por reflejo-.

-No me estoy riendo-, respondió Del Moral, sin poder evitar ese gesto feliz que denotaba desparpajo, justo poco después de que rechazara tener relación alguna el Grupo Atlacomulco, asegurando incluso que “ni los conocía”, solo que había un detalle: desde octubre alguien le había tomado una foto posando junto a Camacho Quiroz, Emilio Chuayffet , Alfredo Baranda, Eruviel y Arturo Montiel, saliendo de un desayuno juntos, cuando su candidatura estaba en ciernes.

Esa risa era muy parecida a la que se le vio y escucho el 18 de abril, cuando invitó al “mapacherio de duro cuño” a romper las reglas de “buena conducta” y ganar a como fuera.

-“Hagan lo que saben hacer, para bien o para mal… queremos constancia de mayoría no de buena conducta”-, les dijo en una frase que se propagó como pólvora en las redes sociales, casi igual que en aquel otro video en el que les exigía a sus operadoras: “Dejen las grillas en sus casas, guárdenlas en sus cajones y rómpanse la madre para ganar la elección”.

Tampoco eso sirvió. Ni el acarreo de infantes y adolescentes uniformados a los mítines, ni los operativos nocturnos para comprar votos en comunidades indígenas –de a 500 pesos por cabeza-, ni el evidente “fraude chiquito” en las prisiones, ni el aparente relleno de urnas en 20 distritos operados por el PAN –como revelaría una semana después El País- y ni con todas las autoridades electorales a “modo” habrían servido de algo. ¡Carajo!

Tampoco al parecer impactaron las dos campañas anticipadas con cientos de espectaculares con que el tricolor, su pre candidata y el presidente del PRI, Eric Sevilla, inundaron el territorio a mediados del 2022 y principios del 2023 –en anticipadísimas y cuestionables pre-precampañas-, para no transparentar un solo centavo de ese gasto.

Y quien puede olvidar la supuesta “exclusiva” que dio la candidata a una revista inexistente en el mercado y con cuya portada –de un ejemplar que nunca circuló en los puestos de periódicos-, tapizó el territorio con alrededor de 400 espectaculares invitando a los lectores a “adquirirla”. (https://www.theobserver.mx/2023/01/04/la-falsa-portada-de-alejandra-del-moral-en-cientos-de-espectaculares/ )

Se trataba de la primera patraña electoral de la temporada.

Un embute de tamaño monumental que ninguna autoridad vio y del cual el Tribunal Electoral del Estado de México (IEEM) se tardó intencionadamente en absolver tan solo 24 horas antes del inicio formal de las campañas, para garantizarle impunidad y “taparle el ojo al macho”.

Por si fuera poco los ejércitos de “valientes” que Alejandra del Moral convocaba a gritos en sus mítines para lanzarse a la “Batalla Maestra” del 4 de junio y marchar por la paradójica “ruta de la reconciliación” a lo largo de los más de 70 municipios recorridos, se quedaron en la retaguardia, replegaron, rindieron las armas o de plano desertaron.

Nadie o muy pocos quisieron saber nada más de “salarios rosas” en versión “familiar”, ni de programas revolcados de seguridad pública tras 23 gobiernos inseguros, represores y criminalizantes del viejo partido; ni del regreso de las “estancias infantiles” que enriquecieron a familias completas de panistas y priístas a partir del sexenio de Felipe Calderón; ni la vuelta al “seguro popular mexiquense” saqueado por Eruviel Ávila en vísperas de los comicios del 2017 (con pacientes sobre cartones, 10 hospitales en obra negra y contrataciones fantasma o a sobreprecios).

Bueno ni siquiera parecía haber servido de algo la impresión de 12.7 millones de boletas con cinco recuadros para votar a su favor–- uno por cada partido de la alianza y sus combinaciones-, y solo uno para su contendiente; ni el haber reeditado el robo –vía descuentos-, al salario de trabajadores durante el gobierno municipal de Delfina en Texcoco (2013-2015) –lo que sí ocurrió-; ni tampoco su tono de burla, risotadas y comentarios discriminatorios durante los dos debates del 20 de abril y 18 mayo, junto con las entrevistas que concedió a medios controlados con propaganda de gobierno y en programas televisivos y spots, ante la pasividad muda y ciega del Instituto Electoral del Estado de México (IEEM).

¡Por Dios!, ni siquiera la campaña negra con noticias falsas contra la candidata de la supuesta izquierda, lanzada desde todos los medios alineados y pagados con publicidad gubernamental y las estaciones oficiales de Radio y Televisión Mexiquense; ni la tardía y casi inexistente campaña del IEEM para promocionar el voto sirvieron de algo, lo que eventualmente desplomó la participación casi tres puntos.

¡Todo lo hicieron mal..!, pensaría la fotogénica candidata del prianismo local.

O quizás Del Moral habría olvidado por completo que en 2018 Gómez Álvarez ya le había arrebatado el escaño por el Senado y quizás por amnesia más que por soberbia también borró de la memoria su descomunal primera derrota en esos comicios concurrentes, cuando el efecto AMLO, le arrebató la mayoría absoluta en el Congreso Local –coptada o comprada anticipadamente por Del Mazo- y más de 70 municipios y más de la mitad de los distritos.

Pero si bien la candidata de la Alianza en los comicios locales del 2021, otra vez como dirigente del PRI, había logrado remontar recuperando 27 municipios y 22 diputaciones locales, a esas horas del 4 de junio del 2023, todo indicaba que los triunfos de entonces no serían confirmados solo dos años después. La gente estaba harta.

 
 


La campaña de miedo que busco propagar mediante una campaña de fake news en directo durante sus más de 70 mítines también fracasaría.

Se trataba de una estrategia mediática y discursiva basada en mentiras y verdades a medias para bombardear la 4T y a López Obrador, en un intento de paso por desviar la atención de la falta de resultados, corrupción extendida y saqueos del gobierno Delmacista del que formó parte.

Todo en conjunto terminaría por hundirla.

Y es que el discurso catastrofista que Alejandra del Moral gritaba en cada plaza –bajo el guión dictado por Alito y Marko- de que “Morena es una tragedia para México” o que “Morena es la destrucción de México”, no desató la histeria colectiva que esperaban.

Tras 59 días de campaña en esa línea lo único que terminó destruido fue la votación priianista, sobre todo porque la tragedia ya estaba instalada.

Aun así Del Moral en ese tiempo seguía lanzando frenéticas sentencias que nadie creía, mientras que la texcocana desde el 15 de enero del 2023, cuando arrancó la precampaña, le regaló lo que entonces se antojaba como una premonición:

- “El final de la larga noche oscura en Edomex está cerca”.

Y sí, a la peor tarde-noche de Del Moral Vela aún le faltaba el colofón.

A las 20:00 horas con 41 minutos de ese histórico 4 de junio, la consejera presidenta del Instituto Electoral (IEEM) Amalia Pulido, salió a dar los resultados del conteo rápido con el que Delfina Gómez llevaba una extraña ventaja de nueve puntos, aunque las encuestas previas más serias tan solo una semana antes, le daban una diferencia de entre 18 y 20 dígitos.

Lo anterior significaba que para las encuestadoras Del Moral prácticamente no había crecido nada, o se había estirado artificialmente y luego achicado de nuevo hasta prácticamente el mismo punto de arranque.

Pero ahí estaba esa noche interminable para el priísmo de élite.

Amalia Pulido dijo que de acuerdo al conteo preliminar la candidata Alejandra del Moral, tendría una votación de entre 43 y 45.2%, contra una votación de entre 52.1 y 54.2% para la Maestra Delfina Gómez Álvarez.

Tras la lectura del resultado vendría un silencio de luto en la sala de sesiones del organismo “autónomo”, como si alguien hubiera hecho mal, muy mal, su trabajo y como si el cadáver político de un anciano se hubiera instalado en medio del salón de plenos y ahí mismo comenzara a apestar.

Y quizás así era.

Las tendencias de la noche apuntaban al desmoronamiento electoral del tricolor con su estelar Grupo Atlacomulco que por vez primera se hacía polvo frente a la vista de todo mundo; el abuelo nonagenario, obeso, añejo y ahogado en sus propios excesos, daba sus últimos estertores en ese sepulcral salón del plenos.

Se trataba de ese mismo espacio oficial donde desde que inició el proceso la violencia política de género se desató abiertamente contra una de las candidatas ante la omisión deliberada de la mayoría de las consejeras, quienes no oyeron ni escucharon nada y que para simularlo mejor, realizaron foros, emitieron reglamentos y llevaron conferencias a universidades públicas sobre “violencia política de género”, pero de práctica cero.

Era esa misma violencia de género que infestó al organismo dos años antes y que denunciarían la propia consejera Karina Vaquera y la ex titular de la unidad de comunicación social del propio organismo, Verónica Veloz en un artículo del libro “El Infierno Electoral” (Barranco Bernardo –coord.-, el Regreso al Infierno Electoral, México, Grijalbo, 2023) .

Paradójicamente el primer consejo integrado por mujeres casi por completo, podría pasar a la historia como quizás el más misógino, pero también por el de peor desempeño ante la ausencia de auténtico debate, posturas planas y sin crítica, pero sobre todo como resultado de haber sido coptado por Alfredo Del Mazo desde finales del 2021, cuando hizo despedir a cinco altos funcionarios que ocupaban direcciones y unidades clave para el proceso.

En su lugar los sustituyó por personajes ligados tangencialmente con su gabinete, a su primo Peña Nieto y hasta a Genaro García Luna, denunciaría tempranamente el representante del Partido del Trabajo (PT).

Ni esa operación de Estado sirvió. Con todo, lo inevitable vendría esa noche del 4 de junio, por la que los mexiquenses esperaron medio siglo, sino que poco más. Tras darse el resultado oficial del conteo rápido a las 21:00 horas con 36 minutos, finalmente Alfredo del Mazo Maza entregó las armas.

Mediante un escueto tuit de su cuenta personal, el último mandatario de la zaga Grupo Atlacomulco que por vías de su abuelo -junto con Isidro Fabela- habría participado en la usurpación de la gubernatura tras el magnicidio de Alfredo Zárate Albarrán en 1942, reconoció el triunfo de Delfina Gómez, e incluso le deseo éxito.

“Hoy los mexiquenses en un ejercicio de participación democrática, en absoluto respeto y libertad, eligieron a quien dirigirá el rumbo de nuestro estado durante los próximos seis años. Reconocemos a la Maestra @delfinagomeza por su triunfo en esta elección y le deseamos el mayor de los éxitos por el bien del Estado de México”, señalaba en el mensaje que desataría a las huestes priístas reprochándole haber abandonado a Alejandra del Moral, y no haber hecho lo que los priístas mejor saben hacer: robarse elecciones.

Casi simultáneamente a las 21:00 horas pero con 27 minutos de esa noche del 4 de junio, Del Moral Vela volvió arrastrando su derrota hasta las cámaras para declarar el derrumbe del consorcio de partidos con el cual, como lo pretendía en sus mítines, esperaban iniciar desde el Estado de México la “reconstrucción” neoliberal en el país hasta consolidarlo de nuevo en 2024. Al parecer no será.

“El futuro de México pasa por el Estado de México nuestra casa. ¡Todo lo que nos jugamos el 4 de junio es lo que más queremos. El PAN, el PRI, el PRD y Nueva Alianza, somos un solo esquipo. ¡Nuestro triunfo va a resonar en todo el país¡”, se le escuchaba alardear en uno de los últimos spots que circularon antes de la contienda, reproduciendo su voz en off en todas las redes sociales y radios locales una y mil veces, hasta el hartazgo.

En vísperas del cierre de campaña se difundía la propaganda con imágenes aéreas captadas desde drones sobre algunos mítines de la “candidata de la reconciliación” llamando con “batucadas de guerra” al nocaut final, alternadas con cuadros de panistas y perredistas aplaudiendo y abrazándose felices en medio de confetis y sonrisas congeladas.

Los spots televisivos “de los últimos días” remataban con imágenes de la candidata del oficialismo rodeada del ala dura del PAN, ahí aparecían Marko Cortés, Xóchitl Gálvez, Kenia López Rabadán y Enrique de la Madrid –una imagen incidental con “Juanito” con su cinta tricolor alrededor de la frente- y el eterno infiltrado en las nóminas gubernamentales, Enrique Jacob, realizando una cadena de brazos triunfantes en alto y alegría despreocupada, mientras el dron lanza una última imagen, desplazándose hacia atrás a gran velocidad…

Corte.

Eso ya no será.

Tan solo minutos antes de iniciar el histórico discurso de la derrota en un hotel del Paseo Tollocan, hasta donde arribaron los héroes del príanismo tras librar la gran “Batalla Maestra” -con raspones, chipotes y heridas electorales de esas que comprometen la vida política-, comenzaron a circular entre periodistas imágenes de la candidata captadas momentos previos a su segunda declaración de la jornada.

Apenas habían transcurrido unas cuantas horas de su primer acto y Del Moral lucía desencajada, demacrada, con las mejillas sumidas y con un gesto de la incredulidad más absoluta, con las cejas arqueadas, ojeras y su desmoralizado saco rosa.

Alguien había tomado la foto al parecer momentos antes de que subiera a ese estrado que iba llenándose de líderes, seguidores y los más cercanos colaboradores de su cuartel de guerra.

Al lado aparecía Eric Sevilla, dirigente estatal del PRI, aún con su camisa blanca de mangas arremangadas –modelo Peña 2012: “ Listo para rescatar a México”-, con quien la “candidata valiente” compartió y alternó por casi seis años consecutivos puestos públicos, encargos partidistas, cuestionables contratos millonarios, cientos de espectaculares, dudosos triunfos en 2021 y una nueva derrota descomunal.

Sí, se necesitaba ser valiente para tanto.

Apenas habían transcurrido tres horas de su temprana-supuesta “victoria” cuando frente a docenas de medios de comunicación y rodeada de algunos de los mismos políticos con los que recién había aparecido apenas189 minutos antes, salió a admitir su fracaso electoral en cadena.

Para entonces Alito Moreno y Marko Cortés habían evadido la escena trágica. Para el segundo acto simplemente se esfumaron.

En tono pausado y serio y en un mensaje que no le llevó más de un minuto en su parte central, Del Moral vivió la derrota en carne propia, pero esta era diferente a las que estaba acostumbrada a infligir a sus adversarios, se trataba de una amplia, contundente y con el voto masivo de los mexiquenses, sin trucos, ni urnas suplantadas –como lo hicieron en 2017-, ni rellenas como en 2005, ni con fraudes de Estado como en 2011, 2017 y hasta en 2021, no había tarjetas Monex, ni tarjetas La Valedora, tarjetas Salario Rosa ni de Banorte como en 2011 y 2017; ni cabezas de cerdo escurriendo de sangre y lanzadas en medio de las calles de municipios del oriente de la entidad; ni detenciones arbitrarias de líderes vecinales en campañas, ni suplantación masiva de representantes de casilla o la “compra” de ellos como en 2018 y 2021, ni chavos en moto comprando y pagando votos como viles sicarios como ocurrió en 2021. No.

La gente rechazó sus ofertas de campaña, sus tarjetas y se resistió a su saco rosa tono “cruces de feminicidios”, de esas que pueblan los panteones, bordean las plazas públicas de Edomex y recuerdan la tragedia de las mujeres mexiquenses.

Fue un “no otra vez por favor”. Y sí, fue masivo.

“Felicito al pueblo mexiquense que ha expresado su voluntad con toda claridad en las urnas. Saludo a la Maestra Delfina Gómez Álvarez que será la próxima gobernadora del Estado de México y le deseo todo el éxito por el bien de las familias del Estado de México. En democracia lo he dicho siempre, para poder ganar hay que poder saber perder”, aseguró con voz apagada.

Era un hecho y un drama para el priísmo de alcurnia.

Paradójicamente la hija de una sencilla ama de casa de nombre Catarina Álvarez Maldonado y del señor José Guadalupe Gómez Pérez de oficio albañil, echo a la mítica oligarquía del Palacio de Gobierno localizado en la avenida Lerdo de Toluca, que por casi diez décadas operó como una auténtica muralla de defensa contra cualquier insurrección democrática.

La muralla caería esa noche. Aparentemente.

El conteo rápido le daba a la candidata del Grupo Texcoco nueve puntos de ventaja y el Programa de Resultados Preliminares (PREP) del IEEM, finalizaría a las 18:00 horas del 5 de junio ajustando mágicamente la cifra con 3 millones 272 mil 106 votos para su coalición (52.65% de votación) y 2 millones 755 mil 532 votos para la aspirante del Frente Por el Estado de México, equivalentes al 44.34%.

Tenía que haber congruencia entre el conteo de votos y el Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP); luego se ajustarían las cifras en tribunales. Las encuestas fallaron o hasta el último momento las élites de Texcoco y del Grupo Atlacomulco se arreglaron en la mesa.

Pero por entonces ninguno defendió ni atacó prácticamente nada en el poselectoral, pactando así la transición más aterciopelada del mundo.

A las 21:00 horas con 33 minutos a Alejandra del Moral se le borró la sonrisa.

...   

  En mayo del 2024, nos enterararíamos que Alejandra en realidad nunca dejo de sonreir. Ahora es aliada de Delfina Gómez en Morena.  

  

 

Teresa Montaño


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