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Claudia, ser mujer y ser joven en un ejido forestal

 

Por Alynne del Consejo Civil Mexicano para la Sivilcultura Sostenible

NOTICIAS

Claudia, ser mujer y ser joven en un ejido forestal



14 de febrero de 2020

Claudia López es una joven que con 27 años forma parte del comité directivo del Ejido Cruz de Ocote, del municipio de Ixtacamaxtitlán, Puebla. Además de cuidar a sus dos hijas, de tres y diez años, asistir a los eventos escolares y formar parte del comité de padres de familia, Claudia es inspectora en la comunidad de Cruz de Ocote, donde ayuda a dirigir faenas y acompaña al juez de paz, además de ser secretaria del Comisariado del ejido.

Aunque a lo largo de su vida ha tenido dificultades, Claudia sonríe cuando cuenta que su sueño era trabajar en el ejido y se siente muy orgullosa de haberlo logrado.

Cuando tenía siete años, su madre falleció y dejó como herederos del ejido a ella y a su hermano gemelo. Al cumplir los dieciocho años, Claudia se empezó a integrar más en la comunidad y a visualizar el camino que quería seguir. Buscó participar en las actividades de la comunidad, con la idea de aprender y entender lo que pasaba, para mejorar el lugar donde vive. Ya como ejidataria, tenía aún más motivos para ser parte del comité directivo.

Para integrarse a los trabajos del ejido, Claudia contó con el apoyo de su familia, con excepción de su expareja, quien le decía que no lograría formar parte de la dirección del ejido, que no valía la pena que lo intentara. A pesar de eso, ella persistió; el hecho de lograrlo, y además hacerlo a tan temprana edad, dice ella, es una muestra de que la gente en su comunidad está cambiando y el machismo se está erradicando. “Las mujeres también podemos y los hombres comienzan a aceptarlo”.

Su interés por integrarse a las actividades de la comunidad no es común entre los jóvenes que viven en los ejidos forestales. Constantino, presidente del Comité de vigilancia del ejido, comenta que algunos jóvenes “tienen otros intereses, se van de aquí”.

Entonces el caso de Claudia es especial, porque es mujer y joven, y ella asegura que en las comunidades puede haber un trabajo que “los llene de satisfacciones, al ver prosperar a su comunidad, mientras cuidan el medio ambiente, y reciben ingresos para tener una buena vida”. Para ella ha sido muy importante ver la forma en la que todos participan para mantener el ejido y obtener recursos de él al tiempo que se conserva la biodiversidad.

Aunque para Claudia la vida en el ejido es más tranquila, más fácil y le gusta más que cuando vivía en el poblado vecino de Chignahuapan, los problemas no son escasos. El ejido, cuenta, se enfrenta a la tala ilegal en las regiones que lo rodean. Y lo que más preocupa a Claudia, como a todos los habitantes del ejido, es la concesión minera otorgada a Almaden Minerals, que abarca el territorio del ejido.

“Me preocupa por la biodiversidad con la que contamos, por los manantiales que nacen aquí. Si se instala ese proyecto, perderíamos todo eso que tiene el ejido”. Además, muchas familias trabajan en el ejido y dependen de los recursos que les brinda para vivir. “El ejido le da trabajo hasta a dos mil personas en sus épocas de mayor actividad. Es una fuente de ingresos importante, y el manejo forestal nos permite mantener el bosque y sus recursos, mientras obtenemos ingresos y cuidamos el entorno”.

Explica que Cruz de Ocote realiza todos los procedimientos necesarios para mantener su permiso de aprovechamiento de recursos maderables ante la Semarnat, mismo que vence cada año el 7 de abril. Además, desde el 2018 está certificado con la Norma Mexicana NMX-AA-143-SCFI-2015, lo que implica que sus recursos se obtienen bajo un manejo sustentable del bosque.

Parte de las actividades de Claudia en el ejido tienen que ver con la lucha contra la apertura de la mina de tajo a cielo abierto otorgada a Almaden Minerals en Ixtacamaxtitlán. Ha acudido a reuniones en la Ciudad de México, ha participado en marchas y otros eventos para exigir la suspensión del proyecto, ha trabajado recopilando las declaraciones en oposición a la minería de las comunidades afectadas por tal proyecto. Trabaja sin miedo a las represalias, a pesar de que, como mujer joven, corre un gran riesgo en un país donde las personas defensoras del ambiente se enfrentan a graves peligros.

Claudia, como otros integrantes del ejido, se preocupa y se pregunta qué pasará si su ejido pasa a ser parte de una minera que no los beneficiará y acabará con sus recursos. Ella no tiene respuesta para esta pregunta, pero trabaja todos los días para evitar que eso suceda.

Staff Redacción

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